Desde tiempos inmemoriales, los perros y los gatos se han llevado peor que Oliver Aton y Marc Lenders.Pero, ¿por qué?Eso es una incógnita que ni el mismísimo inspector Gadchet podría resolver.Recientes estudios, realizados por mí mientras comía sardinas en lata y con el apoyo incondicional de toallitas Candoo, gracias a las cuales muchos niños ahora pueden limpiarse solitos, han encontrado la respuesta definitiva a esa pregunta que tantas horas de sueño me había quitado.
Resulta que, en la prehistoria, los perros y los gatos vivían juntos y felices, recogiendo flores y comiendo piruletas. Pero entonces apareció el hombre, un ser vil y malvado, al que llamaremos Jesús. Jesús, en uno de sus maquiavélicos planes, se propuso separar a estas bondadosas criaturas, que eran las únicas que le impedían dominar el mundo a él y a su ejército de olivas rellenas. Separar a estos animales podría parecer díficil, pero Jesús sabía muy bien,como todos sabemos, que lo que los perros aman por encima de todo son los sombreros. Así, lo único que tuvo que hacer Jesús fue regalarle un bombín a un gato, y esperar a que se lo contara a los perros. Al poco tiempo, todos los perros fueron a pedirle uno, pero Jesús se negó a dárselos porque los estaba reservando para los ingleses del siglo XIX.Ante esta respuesta, los perros se sintieron discriminados, y la discriminación lleva a la indignación, la indignación lleva al enfado, el enfado lleva a la ira, la ira lleva al odio, y el odio lleva al lado oscuro, y una vez en el lado oscuro te encuentras a Dinio y ya no puedes volver a ser lo que eras, y a los perros no les quedó otra opción que odiar a los gatos para siempre.
Y esa es la razón por la que los perros y los gatos se llevan mal y las olivas rellenas dominan el mundo.
Eeh, sí, aclaro, es una excusa para poner esta foto tan bonita de mi perra, en la que un gato se metió por voluntad propia en su plato cuando ella iba a comer(se observa la cara de sorpresa de mi perra).


